A veces el amor se acaba

Pero el odio continúa

A veces el amor se acaba

Hace ya algunos años me topé por internet con una curiosa historia que probablemente habréis oído en alguna ocasión. Hoy conoceréis la historia completa.

A finales de los años 90 una pareja madrileña en trámites de divorcio, cuyos nombres eran Cristina y Roberto, decidió delegar la gestión del mismo a sus respectivos abogados dada la incapacidad de ambos de encontrar un acuerdo satisfactorio y amistoso.

En un momento dado el abogado de Cristina contacta con Roberto para solicitarle una lista de bienes comunes sobre los cuales pudiera tener interés y de esa forma poder presentar al juez la lista de objetos que cada parte desea conservar en propiedad.

Roberto preparó una carta con dicha lista pero en vez de enviársela directamente al abogado decidió enviársela a Cristina. Varios años después, en 2004, esta misma carta fue presentada por una tercera persona a un concurso literario. El concurso organizado por la Escuela de Escritores de Madrid era ni más ni menos que un concurso de cartas de amor y, lo más curioso de todo, es que esta carta ganó el primer premio.

Aquí tenéis la carta que Roberto envió a Cristina:


Estimada Cristina:

Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.

Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

Cosas a conservar:

– La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.

– El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.

– El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.

– La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.

– La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.

– El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.

– Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.

– Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

Cosas que puedes conservar tú:

– Los silencios.

– Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.

– El sabor acre de los insultos y reproches.

– La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.

– Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.

– El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.

– Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.

– Jorge y Cecilia. Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.

Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc… ) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo solo son eso: objetos.

Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (914070485) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente,

Roberto.


Esta magnífica carta, tal cual la habéis leído, se hizo bastante popular en internet tras ganar el concurso literario antes mencionado.

Sin embargo, la historia no acaba aquí. Algunos años más tarde, Susana López Rubio, la persona que presentó esta carta al concurso y que ha llegado a ser una guionista de televisión de cierto prestigio, reconoció que no sólo la carta era real sino que, además, existía una segunda carta con la respuesta de Cristina a Roberto, mucho menos melancólica que la anterior y que podéis leer a continuación:


Ex querido Roberto,

Precisamente estoy llevando todo el asunto de la separación mediante abogados para evitar estos arranques que te dan, esa manía que tienes de confundir romanticismo con cursiladas, sentimientos con sensiblería y profundidad con autocompasión.

Pues bien, tú ganas, ¿quieres listitas? Aquí tienes:

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:

– El resfriado que cogimos bajo la lluvia de Londres en nuestra luna de miel porque tú eras demasiado hombre como para preguntar a nadie donde estaba el hotel

– Tu habilidad para recordar “el leve de rastro de perfume que quedo flotando en el ascensor cuando no te atrevías a dirigirme la palabra…” y ser incapaz de darte cuenta si iba a la peluquería después de casados.

– La mierda de tapete que nos regaló tu madre, que no queda bien en ninguna parte.

– Las veces que me ignoraste a mí y a mis problemas porque “estabas cansado y querías ver la tele”, “porque habías quedado para ver el fútbol”, “porque soy una histérica premenstrual”, etc..

– La promesa de que me apoyarías y me amarías más allá de las palabras bonitas y superfluas en situaciones extremas.

– Los nombres que te gustaban para los hijos que nunca tuvimos porque apenas me tocabas.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR:

– Todos los álbumes, colages, dibujos y regalos que con tanta ilusión y esfuerzo te hice y tú apenas miraste ni agradeciste.

– La lucidez que me llevó a alejarme de tí. No quiero volver a aguantar más tus neuras, tu presunta superioridad moral ni tu amplio arsenal de tonterías

– El hombre que me hace más feliz en un día que tú en cinco años.

– Mis amigos, que, lamentablemente, descubrieron quien eras mucho antes que yo.

En cuanto a los objetos materiales que hemos adquirido (y de vez en cuando compartido) durante nuestro matrimonio, estaré encantada de aceptar tu renuncia a ellos y quedármelos todos, y no sólo por que yo pagué bastante más de la mitad de ellos, sino porque te vendrá muy bien pasear ese fingido desprendimiento, ese superficial, infantil y falso desprecio por lo mundano, ese farol vanidoso …por la puta calle.

A ver si sigues tan místico cuando no sólo no tengas quién te haga la cama, quien te cocine, ni quien te lave la ropa, sino que no tengas ni que vestir, ni comer ni donde dormir.

Tal vez si vives de forma tan miserable logres engañar a alguna tonta para que te aguante otros cinco años, porque la arpía de tu madre no aguantará tanto.

Por último recordarte el teléfono de mi abogado (…) , que además de mejor es más despiadado que el tuyo, para que dejes de hacer el imbécil con esas cartitas y posturitas tuyas, y de una vez nos divorciemos.

Momento en el cual, por primera vez en tu egoísta y asfixiante existencia, me harás feliz de verdad.

Hartamente,

Cristina.


Al margen de lo curioso de la historia y lo que la ganadora del concurso literario quiera o deba decir, jamás podremos saber con certeza si Roberto y Cristina realmente escribieron y se remitieron estas cartas. Lo que sí sabemos con certeza es que la historia que hay tras ellas es tan real como la vida misma porque éstas son el reflejo de miles y miles de historias de amor y de mala suerte que se suceden todos los días en cada rincón de este mundo. Tal vez sus protagonistas no tengan la elocuencia de Cristina y Roberto pero estoy seguro que sois muchos los que en alguna ocasión habréis sentido cada una de las líneas que habéis podido leer hoy aquí.

Supongo que podemos decir que estamos ante una historia real de autores desconocidos.

Fuente: Escuela de Escritores de Madrid – III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor

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